RUIDO BLANCO
Ya no distingo las voces…
Solo es esto.
Ruido blanco.
Te fuiste sin cerrar la puerta, o quizás la dejaste abierta a propósito
para que entrara este frío que no se quita ni con café, ni con olvido.
Miro el celular, esperando un punto verde, una señal de vida,
pero la pantalla solo me devuelve mi cara, cansada, de perfil.
Estamos en la misma casa, o tal vez en ciudades distintas,
qué más da si el silencio se volvió nuestra única moneda de cambio.
Y si hablas, no escucho nada.
Si me tocas, siento el vacío.
Es como buscar sintonía en una radio rota,
entre estática y recuerdos que me pesan.
Es ruido blanco, amor,
esta costumbre de querernos sin tocarnos.
Es ruido blanco, un zumbido en los oídos
cada vez que intentamos decirnos "te quiero" y sale un "perdóname".
Nadie gana, nadie pierde,
solo estamos perdiendo el tiempo entre el ruido,
el ruido de lo que fuimos y ya no suena.
A veces me pregunto si tú también te sientes así,
como una frecuencia que nadie busca,
perdiéndote en los canales del centro de la noche.
No es odio, te lo juro. Es algo peor:
es la indiferencia de los domingos por la tarde,
donde ni siquiera discutimos, solo respiramos el aire denso
de este amor que se quedó sin señal.
Nadie gana, nadie pierde,
solo estamos perdiendo el tiempo entre el ruido,
el ruido de lo que fuimos y ya no suena.
Es ruido blanco, amor,
esta costumbre de querernos sin tocarnos.
Es ruido blanco, un zumbido en los oídos
cada vez que intentamos decirnos "te quiero" y sale un "perdóname".
Y aunque suba el volumen, no te entiendo.
Aunque apague la luz, te sigo viendo.
Es un bucle, una distorsión…
¿Todavía queda alguien ahí?
Es ruido blanco, amor,
esta costumbre de querernos sin tocarnos.
Es ruido blanco, un zumbido en los oídos
cada vez que intentamos decirnos "te quiero" y sale un "perdóname".
Nadie gana, nadie pierde,
solo estamos perdiendo el tiempo entre el ruido.
Solo ruido.
Blanco.
Nada más.