Ya son las tres...
y todavía no encuentro cómo salir de aquí.
Es que no es la habitación, es que no estás.
Dejé la luz encendida, por costumbre, supongo
revisando el celular, aunque sé que no vas a escribir.
Tengo el café frío y un silencio que pesa en la mesa
y esta manía tonta de buscarte en la nada.
Dicen que el tiempo lo cura, que es cuestión de esperar
pero el tiempo se ríe de mí, se ha quedado estancado.
Y me vuelvo a inventar una vida, un guion, una historia
donde tú no te fuiste, donde todo es igual.
Y te busco en el desorden de las sábanas blancas
en el eco de tu risa que todavía se siente.
Me pierdo, me encuentro, me vuelvo a buscar
viviendo lo nuestro solo en mis sueños.
Es que no hay realidad que supere el momento
de tenerte otra vez... aunque sea durmiendo.
A veces me despierto y me giro buscando tu espalda
y me choco de frente con el frío que dejó tu adiós.
No es un drama, te juro, es solo que a veces me gana
esta forma tan humana de no querer aceptar que no estás.
Dicen que el tiempo lo cura, que es cuestión de esperar
pero el tiempo se ríe de mí, se ha quedado estancado.
Y me vuelvo a inventar una vida, un guion, una historia
donde tú no te fuiste, donde todo es igual.
Y te busco en el desorden de las sábanas blancas
en el eco de tu risa que todavía se siente.
Me pierdo, me encuentro, me vuelvo a buscar
viviendo lo nuestro solo en mis sueños.
No es que me olvide de vivir, es que me gusta este viaje
aunque sea un pasaje directo a la soledad.
Déjame quedarme un rato más, déjame engañarme
que en la vida real ya me toca aprender a soltar.
Y te busco en el desorden de las sábanas blancas
en el eco de tu risa que todavía se siente.
Me pierdo, me encuentro, me vuelvo a buscar
viviendo lo nuestro solo en mis sueños.
Solo en mis sueños...
Donde no hay despedidas.
Solo ahí.
Quédate un ratito más.